Pensamos mucho más en el empleo de nuestro dinero, renovable, que en el de nuestro tiempo, irrecuperable

carpe diem reloj

Utilizamos equipos estéreo complejos y carísimos para difundir un fondo sonoro que sólo escuchamos de forma distraída. Podríamos escuchar una ópera en casa, en silencio y sin hacer nada más, en las condiciones en que se escucha un verdadero concierto. ¿Cuántas veces lo hemos hecho?

Como no tenemos tiempo de ir tranquilamente a la compra, ni de hacer a fuego lento deliciosas recetas, a última hora pedimos pizzas o platos chinos, caros y en modo alguno dietéticos.

Nos lanzamos a la otra parte del mundo sin impregnarnos, en las semanas precedentes, de la cultura y de la historia de los países donde vamos a aterrizar. Una vez allí, contemplamos rostros y paisajes… a través del objetivo de nuestra Nikon. Y, a la vuelta, no tenemos tiempo para contemplar las fotos cuya toma nos ha llevado de cabeza durante todo el viaje.

Vemos a nuestros amigos en cenas frecuentes y ruidosas donde, por ese mismo hecho, la conversación gira en torno al ínfimo común denominador. Pero raramente nos permitimos el lujo de verlos uno a uno o dos a dos. Así tenemos la impresión de verlos con frecuencia, sin saber, de hecho, quiénes son, ni cuál es realmente su vida y cuáles sus reflexiones.

Leído en panfletus, escrito por Jean-Louis Servan-Schreiber

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