historia de internet… hasta ahora

que busca marco

En los años 90 surgió Internet, bueno, más concretamente la World Wide Web, y a nuevo medio, nuevos hábitos de consumo. Ya no hacía falta alquilar una película completa, con unos (pocos) minutos bastaba. La calidad tampoco suponía un gran problema, con lo que los vídeos amateurs comenzaron a inundar las redes. Y así Internet cambió la industria del cine porno para siempre. Pero aún no he visto a nadie soltar una sola lágrima por las estrellas del porno que tuvieron que «sufrir» esa época.

Quizás si los responsables de las discográficas hubiesen prestado más atención al porno en vez de limitarse a copiar su estética para los vídeos musicales de la MTV, la historia hubiese sido diferente. Porque es posible que el porno fuese la primera gran industria a la que Internet cambió para siempre, pero ya sabemos que no fue la única. En 1999 apareció Napster, un sistema de intercambio P2P creado por dos chavales de 20 años y la música ya no volvió a ser igual. Bueno, en realidad la música no cambió tanto. Solo que la gente dejó de comprar discos.

Esta vez sí, la llamada «crisis de la música» se convirtió en tema de conversación en los medios de todo el mundo. El término «piratería» se hizo de uso común mientras los artistas insultaban a sus fans en las entrevistas llamándoles ladrones y pidiendo a los gobiernos nuevas leyes para meterlos en la cárcel.

Y de repente nos enteramos de que la gente había dejado de ir al cine… Y no, esta vez no estoy hablando (solo) de cine porno. Aunque aguantaron de manera bastante digna unos años más, a partir de 2004 la tendencia fue imparable. Aquello comenzaba a tener visos de epidemia, sobre todo cuando nos enteramos (por internet, claro) que también afectaba a la venta de periódicos, en continuo descenso de ventas en la última década.

El siguiente ataque de los piratas se centró en los libros. Después de asistir al hundimiento de música y cine, el sector editorial podría haberse preparado con algunas contramedidas, pero se limitó a copiar una a una las medidas de la industria discográfica y el cine. Ya saben: reclamar leyes más restrictivas y cierres de webs, justificación de precios «por culpa de las pérdidas ocasionadas por la piratería» y, por supuesto, insultos a sus lectores.

Y cuando todos pensábamos que los piratas de internet se iban a limitar al sector cultural, el ataque continúa. Porque ahora la cosa ya no va solo de bajarse música, películas y libros, sino también de viajar y disfrutar de las mismas cosas que la gente normal. ¡Si hasta quieren emprender como personas de bien, pero saltándose a los bancos!

Afortunadamente, el sector hotelero, financiero y el de transporte ya están avisados y han comenzado sus propias campañas antipiratería. Ya saben, siguiendo al pie de las letras las tácticas que “tan bien” han funcionado anteriormente: pedir un endurecimiento en la legislación y comenzar a publicar estudios (propios) con las (supuestas) pérdidas ocasionadas por los piratas. Nadie quiere convertirse en el último negocio fagocitado por internet.

Sin embargo, ninguno de ellos ha pensado que quizás el modelo a seguir frente a los piratas no sea el del enfrentamiento y la negación al cambio que enarboló durante años la música o el cine, sino el de la aceptación que hace más de 20 años inició la industria del porno.

leído en yorokobu

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