Drones y guerra

La lógica del dron es la lógica del videojuego.

Un hombre llega a casa después del trabajo; cena con su esposa y sus hijos; se toma una cerveza viendo el partido de béisbol; hace el amor o no lo hace; duerme nueve horas; desayuna también con su familia; se va a la base militar donde trabaja; se pasa la jornada laboral pilotando un avión no tripulado.

La mayoría de los días no hace más que sobrevolar zonas pobladas por sospechosos. Pero en alguna ocasión sí tiene que apretar el botón del joystick y lanzar un misil. Un misil que alcanza un vehículo y mata a sus cuatro ocupantes. Y tal vez a tres niños que jugaban a fútbol. Cuatro presuntos terroristas y tres civiles menores de edad.

Tanto si sólo realiza tareas de vigilancia como si asesina a un objetivo, esa región de Yemen o esa área de Pakistán no será más que su representación en una pantalla. La explosión y sus víctimas, una realidad remota y pixelada.

Los drones han cambiado el sentido de lo que entendemos por guerra y, por ello, se sitúan en un territorio semántica, legal, ontológica y moralmente inestable.

Leído en Los drones y la guerra a distancia

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