Una diferencia cuantitativa

Resultaba difícil de explicar. Si los marcianos (quienes, imaginemos, jamás mueren salvo por accidente) llegasen a la Tierra y observasen esta peculiar especie de criaturas —estos humanos que viven unos setenta u ochenta años, sabedores de que les ha de llegar la muerte—, sin duda les parecería un tremendo problema psicológico cómo nos es posible vivir en esa situación, sabiendo que la vida sólo es temporal. Bueno, nosotros los humanos hemos dado con una forma de vivir a pesar de este problema: nos reímos, bromeamos sobre él, vivimos.

La única diferencia fue, por lo que Arlene y a mí concierne, que en lugar de cincuenta años fueron cinco. Se trataba solamente de una diferencia cuantitativa; el problema psicológico era exactamente el mismo.

La única forma en que hubiera podido ser algo diferente sería que nos hubiéramos dicho a nosotros mismos, «Pero tantos otros tienen mejor fortuna, porque podrán vivir cincuenta años». Pero eso es absurdo. ¿Por qué deprimirse y sentirse miserable diciendo cosas como, «¿Por qué nos ha tocado a nosotros tan mala suerte? ¿Qué nos ha hecho Dios? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecernos esto?, todo lo cual, si uno comprende la realidad y la asume plenamente, es irrelevante e irresoluble. Son cosas que nadie puede saber, sencillamente. La situación de cada cual no es más que un accidente de la vida.

Leído en ¿Qué te importa lo que piensen los demás? de Richard P. Feynman

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